domingo, 1 de enero de 2012

capítulo XI

1- ¡Qué le pasa!, vaya uno a saber… No puedo entender a mi vieja, últimamente está recontra sacada… Hace como cuatro o cinco noches que la noto tremendamente fuera de sí. Durante el día anda más o menos bien, como siempre, bah, aunque, a decir verdad, está un poco más animada que, de costumbre, más atenta con nosotros. Parece interesarse más por lo que nos pasa, incluso, hasta se torna cargosa, taladrándonos con preguntas del tipo de las que suelen hacer las maestras jardineras o las abuelas con nietitos de jardín de infantes… Pero a la noche, se transforma. O se la nota sumamente callada, meditabunda, con el rictus cambiado, los rasgos de su cara, notablemente más pronunciados y la expresión de su rostro, de una gravedad que, la verdad, nos preocupa… O comienza a hablar consigo misma, como si pensara en voz alta. Lo que se llega a comprender de esos balbuceos es, en realidad, muy poco. Creo que habla de lo que le pasa a… ese artista, no me acuerdo como se llama, el que está gravemente enfermo. Pero lo hace de un modo extraño. Parece emitir ciertos conjuros o sacar conclusiones raras, yo no alcanzo a comprender de qué habla en sí, qué es lo que le pasa. En esos momentos, parece desvariar. Si sigue así, me parece que vamos a tener que hacer algo, no sé, presionarla un poco para que vaya a un terapeuta, porque no anda nada bien, mi mamá no anda nada bien …

2- Año nuevo… No sé si, vida nueva;a diferencia de otros años, francamente, no tengo nada demasiado programado para mi vida, siendo que, hasta último momento, me encargué de que así fuera, digo, me empeñé en hacer todo tipo de negociaciones, de tratativas, para garantizarme el trabajo en el instituto, por ejemplo, y un puesto de coordinadora literaria en la institución. Sin embargo, hoy, en este preciso momento, me siento como en el aire, como si todo aquello hubiera quedado atrás, como si hubiera ocurrido en otra instancia, no sé. Todo me parece nuevo, como si este comienzo de año marcara el inicio de algo completamente distinto. Esto, lejos de asustarme, por el contrario me tiene como más animada que, de costumbre. Como si lo único que me importase fuera, en verdad, estar viva, vivir, y, sobre todo, disfrutar tratando de ser feliz. Si hay nuevos proyectos o continuidad de los anteriores, bienvenidos sean. Obvio que, no les voy a andar cerrando la puerta. Pero, siempre y cuando, vengan en armonía, es decir, que no comiencen a aparecer, como siempre, los conflictos, esas piedras que estorban mi bienestar, mi vida, mi felicidad. Pero, aunque no venga nada, de todos modos, me siento particularmente bien, como hacía mucho tiempo no me sentía, como si mi visión de todo lo que me rodea se hubiera renovado o hubiera virado de golpe, mostrándomelo, como si lo viese por primera vez.
Anoche, otra vez exploté de ira, aunque, esa vez, hubo motivos concretos. Fuimos a saludar a mi madre para desearle feliz año nuevo. Bastó con subirnos a la camioneta, con la idea de volver a casa, para que, oh casualidad, la batería se descargara y no pudiéramos hacerla arrancar más. Demás está decir lo que maldije, putee, me enojé. Cayeron en la volteada: mi madre, mi hermana, mi cuñado, hasta mi hijo mayor. Cuando ya llegamos a casa, terminó ligando mi esposo, pobre, porque se quiso ir a dormir enseguida. Entonces yo, totalmente fuera de mí, le empecé a reprochar que él no se quisiese quedar a hacerme compañía, siendo que, a las cinco de la mañana entraba a trabajar y, encima, le iban a hacer control de alcoholemia. Hoy, ni bien me levanté, me sentí realmente muy culpable por mi comportamiento. Hice todas las invocaciones pertinentes y, rápidamente mi ánimo, de nuevo viró para bien…
Pero me había propuesto a mí misma, cuando empecé con esto, que iba a tratar de que no se convirtiera en un diario íntimo, un sitio donde venir a volcar sólo lo que me va pasando en el momento, sino, en una historia, es decir, una narración, por momentos, retrospectiva, aunque no sólo enfocada en el pasado, o al menos, en el pasado remoto. De todos modos, necesito contar algunas cosas, aunque no, sólo, relativas al año que acaba de concluir, sino de una etapa algo anterior, más precisamente ,de la época en que enfermé, yo también, como él ahora, y pude revertir mi cuadro gracias a una total fuerza de voluntad, de coraje, de entereza. Hoy me comparo con esa qué fui por entonces y, la verdad, me da vergüenza verme. Siento que decaí en todos esos valores, es más, que me fui poniendo cada vez más caprichosa, arrogante, pretenciosa, banal, egoísta. Es obvio que aún perdura el aturdimiento por el berrinche que protagonicé anoche. Me pregunto qué fue pasando para llegar a esto, para llegar a este estado de eterno inconformismo. ¿Dónde quedaron todos esos conocimientos de metafísica que antes, tanto bien me hacían y hoy, parece que sólo los traigo a la memoria cuando se trata de pronunciar alguna oración científica, o, cuando necesito resolver algo en concreto, es decir, a los fines puramente pragmáticos. ¿Por qué me embargan esos sentimientos, esas ganas de largar todo e irme al carajo? ¿Por qué me encuentro hablando sola, despotricando contra todo el mundo o diciendo todo el tiempo que me voy a ir, siendo que, durante el día me encuentro bien, es más, todo me parece sólo una especie de pesadilla?, ¿estaré enfermando de la cabeza, tendré algo en el cerebro, o será alguna secuela de ese tratamiento radiante tan prolongado como traumático?
En este punto es, precisamente, donde siento que debo volver un poco hacia atrás, y así lo haré…

No hay comentarios:

Publicar un comentario