Desde aquel día, uno de los más tristes de mi vida, sin dudas, la verdad es que me ha costado mucho volver aquí, a este sitio de intimidad, para volcar lo que siento … Demás está decir que me embarga un sentimiento de profunda angustia; a veces se torna tristeza, otras, ansiedad, o acaso, cierta desesperación. Por suerte, hasta ahora, al menos, no ha llegado a ser depresión. Incluso, paradójicamente, a veces es euforia o… no sé. No es fácil, para mí, hablar o, mejor dicho, escribir acerca de lo que siento porque, francamente, me cuesta a mí definirlo, revelarlo…Cuando me levanto, apenas abro los ojos, todo me parece particularmente redescubierto, revalorizado, el hecho de ver a mis hijos que también se levantan atrás de mí, lo que, hasta hace poco tiempo, formaba parte de uno de los tantos hechos rutinarios, ahora, parece haber cobrado otro valor, otro sabor. Me hace feliz, sí… Hacía tanto tiempo que no podía sentir nada con esa intensidad que hoy me embarga, que, la verdad, no puedo creerlo, es más, lo valoro y se lo agradezco a Dios con todo mi corazón. Por las noches, sin embargo, comienza la angustia, leve, primero, simple preocupación, viene a mi mente el recuerdo de las fotos que vi en estos días – esas infames e inoportunas fotos sacadas con total impunidad y falta de respeto por la salud y la integridad del otro, un ser humano, porque, al fin de cuentas, EL es eso, sólo un hombre más, como cualquiera, un ser humano como todos, que merece respeto, consideración. Aquí surge una cuestión paradójica : se supone que nuestros ídolos lo son por ser altamente respetados, admirados, queridos por sus talentos o valores, sin embargo, cuando se trata de abordarlos periodísticamente, en lugar de resaltar aquello que los ha colocado en ese lugar, no; cierto periodismo, sobre todo, buscar indagar en su intimidad, lo cual, en principio, si el otro, la celebridad, consiente esa actitud, no estaría mal, aunque no tendría por qué ser así, que su vida privada despiertara interés, pero, hay cierto consenso en admitir que su intimidad pueda generar curiosidad, sobre todo, en aquellos que tienden a idolatrarlos demasiado. En ese sentido, el problema va mucho más allá. El periodista o “paparazzi”, con tal de lograr imágenes que capten algo de esa intimidad, viola todo derecho y entra en actitudes, no sólo agresivas, sino, fundamentalmente, que denotan una total falta de respeto, y entonces, la admiración, el amor, la idolatría, todos esos estamentos, quedan pisoteados, manoseados. El artista, la celebridad, me imagino que, en esos momentos, se debe sentir completamente desamparada, vulnerada, violada en su intimidad, en su legítimo derecho a no mostrar lo que no quiere o no le conviene, como cualquiera. Es indignante.
Decía que me es inevitable acordarme de las fotos, de cómo se ve él en ellas, extremadamente delgado, su cuerpo, en un estado de total deterioro. Entonces comienza la tristeza, la impotencia, la templanza de la mañana cede lentamente su paso al enojo, la bronca… Para calmar esos sentimientos, empiezo a tomar alcohol, vicio que casi había dejado de lado, y entonces vienen esas conclusiones, esos pensamientos que parecen obedecer a una lógica paralela. A veces son confusos, otras, como lo fue anteanoche, son en cierto modo, revelaciones. No sé en qué momento, ni cómo, me encontré cavilando sobre el tipo de enfermedad que padece EL. Curiosamente, me resultó muy similar al cuadro de gravedad con el que mi suegro terminó dejando este mundo, más precisamente, el 24 de mayo de este año. Recuerdo con exactitud la fecha porque coincide con la del cumpleaños de mi hijo A., quién, como es lógico, no tuvo celebración alguna este año. Encontré también una similitud casi asombrosa entre la dolencia del hombro con la que empezó su racha de afecciones físicas, y mi propia dolencia en el hombro izquierdo, la cual, comenzó, poco tiempo después que la de él. La suya, en junio de este año, la mía, más o menos, para setiembre. Con el correr de las horas, hasta llegué a fantasear con la idea de que, acaso, debido a cierta conexión supra real habida entre nosotros, esa afección suya, en realidad estaba destinada a mí, pero, como yo siempre estoy desarrollando preceptos, oraciones científicas, invocaciones y todo tipo de prácticas de la metafísica, como estoy tan protegida metafísicamente debido a mi conducta de todos los días,terminó recayendo en él, al estar justamente tan ligado a mí. Siempre pensé que, hasta podríamos ser almas gemelas, pensé o, mejor dicho, fantasee. Luego, al día siguiente, todo vuelve a la normalidad, y lo que, por la noche me parece una revelación, por la mañana, en cambio, me resulta una pavada. En fin. Otra de las conjeturas que aparecieron en mi mente, fue la de que esta aparente afección pueda ser el resultado de todo un cúmulo de sentimientos no manifestados, no exteriorizados, dado las características de su personalidad. Como sea, al final arribó la conclusión que faltaba, la necesaria y más veraz. Recordé, en un momento, alguna de esas conversaciones trascendentales que solíamos mantener con Rosa en épocas de Taller literario, más floridas, más ricas a nivel intelectual. Ella dijo una vez que las enfermedades son la paga por el karma que cada uno acumula en esta vida o trae de vidas pasadas. Una vez que uno ha pagado, que ha resuelto suficiente karma en esta vida, todo ese ciclo de dolencias físicas empieza a disiparse. El equilibrio en la vitalidad del cuerpo se normaliza.
Así, lo creo. De nada vale conjeturar acerca de supuestos maleficios absorbidos por él, luego de haber rebotado en mi cuerpo causal, en mi círculo de amor divino con el que me envuelvo cada noche y, temprano, todas las mañanas. Si está padeciendo esta dolencia es porque, lisa y llanamente, es lo que le ha tocado en suerte, para lavar su karma … Pero estoy segura de que no será irreversible. No…
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